Me he cortado el pelo. 
Me he cortado el pelo y parezco otra.
Desde que las tijeras sesgaron años de cuidados y atenciones, 
salgo con más convicción a la calle y camino con la cabeza más alta que nunca. 
Busco miradas e intento sostenerlas, 
mientras una sonrisilla rabiosa aparece por la comisura de mis labios. 
Es el orgullo, el orgullo de llevar el pelo corto y que me quede de puta madre. 

El pasado de un pasado día salí sin sujetador a la calle, 
sin tener mechones que me hiciesen el favor de ocultar mi vergüenza. 
Los pequeños y puntiagudos bailaban debajo de la camiseta, 
y lo único que hice fue levantar la cabeza, 
y seguir buscando los ojos de la gente. 

Cuando cumples 18 años crees que nadie va a volver a gustarte con la inocencia de un adolescente prematuro, 
y es entonces cuando descubres que la ingenuidad ha sucumbido ante la lascivia, 
y estás deseando que el chico de la esquina te mire para sostenerle la vida. 
Querido chico de la esquina, 
quería provocar un encuentro fortuito solo para preguntarte si eres artista. 

Me he cortado el pelo. 
Me he cortado el pelo y eso parece un cambio estúpido en tu vida, 
pero os aseguro que la otra yo jamás se habría atrevido a salir a la calle con las tetas descolgadas
y nunca habría sostenido la mirada a extraños en una esquina. 


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Poesía entrópica