En el ojo del huracán porque los suyos son puro viento.
Un viento que despeina, te hace cosquillas y trae las mariposas de la primavera.
El pecho ya no es cárcel, si ella te toca, te sonríe y te besa.
Y cómo besa.
        Pequeña, me has enseñado lo que es besar con ganas en los ascensores
        cómo saborear la cerveza desde tu lengua
        y me has demostrado que el día no tiene suficientes horas para quitarme las ganas de ti.

Flores en el pelo porque ella está llena de pétalos que son cicatrices,
y espinas que son llanto.
Flores en el pelo porque su cuello es el prado más bonito para tocar el verano.
Flores en el pelo para que su olor no se marche de mi cama.

Ella es un huracán,
pero entre sus brazos estoy justo en el centro del ciclón
y no tengo miedo,
ni frío,
ni ganas de escapar.
Ella es huracán pero sabe cómo convertirse en brisa, soplarte en la espalda y erizar cada uno de los poros que tienes en la piel.
Ella es huracán, pero no te corta la respiración con un golpe de viento,
solo te deja medio tonta después de cada beso,
porque entre sus labios también se esconde el amor.

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Poesía entrópica